“Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”Blas Pascal

sábado, 5 de abril de 2014

Interesante Estudio sobre la tesis de Guerard Des Lauries

Apuntes contra la tesis de Cassiciacum (para su estudio)

                   


Tomado del blog  http://sursumcordablog.blogspot.com.ar/




Advertencia

El lector deberá estar familiarizado con la Tesis y su explicación así como ciertos elementos que hacen a su estudio. No nos detendremos más que en lo que creamos justo y estricto al tema, lo formativo quedara a cargo del interesado. Este documento es reflejo de un debate y ha sido adaptado.

La Apostolicidad

Podría despacharse la cuestión con sólo rechazar por infundada y arbitraria la afirmación successio materialis seu legalis” cuando no hay un solo teólogo o canonista que diga semejante cosa, antes bien todos son concordes en identificar lo formal con lo legal y lo mere material con lo ilegal; exactamente lo contrario. Pero por mor del estudio de un tema tan apasionante repasemos un poco lo que enseña el CIC.

Provisio triplicem complectitur actum:

1) Designationem personae.

2) Concessionem tituli.
3) Introductionem in possessionem.”

Wernz-Vidal , Tomo 2, n. 182. O cualquier canonista.1


El primero de los 3 actos da lo que se conoce como el ius ad rem, es decir un derecho a la cosa (en este caso el oficio), el segundo da el título de la cosa misma, o lo que es igual el ius in re, mientras que el último paso no da ningún derecho, ya que se trata de un simple hecho, excepto en algunos casos en los cuales se requiere para que el paso número 2 exista.
Así, pues, la mera posesión del oficio se identifica con la successio mere materialis, mientras que la concesión del título es lo que da el derecho sobre el oficio y por lo tanto quien obtiene el mismo, sucede formalmente a su antecesor.
Aquel que sólo tiene el ius ad rem, no tiene ningún derecho sobre el oficio y por lo tanto nada puede hacer en el mismo, caso contrario será castigado conforme al canon 2394.

Esto además es bastante obvio; quien no es dueño de una cosa no puede hacer nada sobre ella, aún teniendo derecho a ella, por ejemplo si Ticio le debe a Marcos una moto, este no puede vender esa misma moto, porque no es el dueño o titular, y si lo hiciera correría el riesgo de que su verdadero dueño (Ticio) se negara a entregarla o decidiera vendérsela a otra persona.

martes, 11 de febrero de 2014

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton Capítulo II (III de III)


El Dogma y el Error de Quesnel
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Cuando la Unam Sanctam nos enseña que no puede haber remisión de los pecados fuera de la Iglesia Católica, de hecho nos está diciendo, que es imposible obtener la vida de la gracia santificante o vivir esa vida fuera deste reino sobrenatural de Dios. Lo que hace es exponer la verdad divinamente revelada de que, por institución de Dios, la vida de la gracia santificante se posee y deriva de parte de Nuestro Señor hacia aquellos que están unidos con Él, que permanecen el Él, en su Cuerpo Místico, que es la Iglesia Católica.

En este punto debemos ser especialmente claros, tanto en los conceptos como en la terminología. Lo que la Unam Sanctam ciertamente implica, al declarar la necesidad de la Iglesia para la remisión de los pecados, es la verdad que la vida de la gracia santificante y del habitus sobrenatural de la gracia santificante sólo pueden ser obtenidos y poseídos dentro de la Iglesia. De todas formas, a la luz de la doctrina Católica, es cierto y obvio que las gracias actuales se ofrecen y son recibidas por aquellos que están definitivamente “fuera de la Iglesia”, en el sentido en que se emplea este término en los documentos eclesiásticos que establecen el dogma de la necesidad de la Iglesia para la salvación eterna. De hecho la proposición de que “fuera de la Iglesia no se concede ninguna gracia” (extra ecclesiam nulla conceditur gratia)” es una de las tesis explícitamente condenadas por Clemente XI en su constitución dogmática Unigenitus, promulgada el 8 de Septiembre de 1713 y dirigidas contra las enseñanzas de Pascasio Quesnel[1].


lunes, 10 de febrero de 2014

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton Capítulo II  (II de III)

"El Terminus a Quo en el Proceso de Salvación"


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El don que los documentos de la Iglesia designan como “salvación” es la Visión Beatífica, el último florecimiento de la vida sobrenatural de la gracia que debe comenzar a existir en este mundo. Se dice que el hombre está salvado, en última instancia, cuando recibe el beneficio sobrenatural de la Visión Beatífica. El término “salvación”, sin embargo, implica más que esto.

El factor clave que debe tenerse en consideración en cualquier explicación teológica de la salvación es la verdad que, de hecho, el don de la vida de la gracia es inseparable de la remisión del pecado original o mortal en el mundo en que vivimos. Ha habido casos en los cuales esto no fue así. Nuestro Señor, en Su natura humana, poseyó de una manera completa todos los dones de la gracia santificante y, tanto en razón de la divinidad de Su Persona como por el hecho de no descender de Adán por medio de la generación carnal, nunca estuvo manchado, de ninguna manera, con la culpa del pecado. Su Santa Madre fue concebida inmaculadamente. Por la aplicación previa de los méritos de Su Pasión y muerte, fue preservada de toda mancha de pecado desde el mismo momento en que comenzó a existir. En su caso, el don de la gracia santificante tampoco estuvo acompañado por la remisión del pecado. Con ella, el comienzo de la existencia coincidió con el de la vida sobrenatural de la gracia santificante. De la misma manera Adán yEva, antes de la Caída, fueron constituidos en gracia desde el primer momento de su existencia. Sin embargo, para ellos, el segundo otorgamiento de la gracia fue llevado a cabo por medio de la remisión del pecado.



En todos sus descendientes ocurrió lo mismo, excepto en los casos de Nuestro Señor y de Su Santa Madre. Con excepción de María, toda persona nacida por medio del proceso de generación carnal, ha venido al mundo en estado de pecado original. Tanto este pecado original como los pecados mortales que los hombres cometen durante el curso de su vida son incompatibles con la vida de la gracia. Y, por institución de Dios mismo, la mancha del pecado puede ser removida sólamente por medio de la vida de la gracia.

El estado de pecado, sea original o mortal, es un estado de aversión o enemistad con Dios. La eliminación dese estado se cumple cuando, y sólo cuando, la persona que ha estado hasta entonces en estado de pecado, se constituye en la condición de amistad con Dios y se ordena propiamente a Él. Y no hay otra situación más que la de la gracia santificante misma en la cual el hombre puede estar bien ordenado hacia Dios.

domingo, 9 de febrero de 2014

La venida del Mesías, en gloria y majestad

La venida del Mesías, en gloria y majestad
Tomo I

Observaciones de Juan, Josafat, Bem-Ezra
Manuel Lacunza

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Discurso preliminar

   Vencido ya de vuestras instancias, amigo y señor mío Cristófilo, y determinado aunque con suma repugnancia a poner por escrito algunas de las cosas que os he comunicado, me puse ayer a pensar, ¿qué cosas en particular había de escribir, y qué orden y método me podría ser más útil, así para facilitar el trabajo, como para explicarme con libertad?,. Después de una larga meditación, en que vi presentarse confusamente muchísimas ideas, y en que nada pude ver con distinción y claridad, conociendo, que perdía el tiempo y me fatigaba inútilmente, procuré por entonces mudar de pensamientos,. Para esto abrí luego la Biblia, que fue el libro que hallé más a la mano, y aplicando los ojos a lo primero que se puso delante, leí estas palabras con que empieza el capítulo 9 de la Epístola a los Romanos. Verdad digo en Cristo, no miento: dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo; que tengo muy grande tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseaba yo mismo ser anatema por Cristo, por amor de mis hermanos, que son mis deudos según la carne, que son los Israelitas, de los cuales es la adopción de los hijos, y la gloria, y la alianza, y la legislación, y el culto, y las promesas: cuyos padres son los mismos, de quienes desciende también Cristo según la carne, etcétera. Con la consideración de estas palabras, no tardaron mucho en excitarse en mí aquellos sentimientos del apóstol; mas viendo que el corazón se me oprimía avivándose con nueva fuerza aquel dolor, que casi siempre me acompaña, cerré también el libro, y me salí a desahogar al campo. Allí, pasado aquel primer tumulto, y mitigado un poco aquel ahogo, comencé a dar lugar a varias reflexiones.

Conque ¿es posible (me acuerdo que decía), conque es posible que el pueblo de Dios, el pueblo santo, la casa de Abraham, de Isaac, y de Jacob, hombres los más ilustres, los más justos, los más amados y privilegiados de Dios, con cuyo nombre el mismo Dios es conocido de todos los siglos posteriores, diciendo: yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob... este es mi nombre para siempre, y este es mi memorial, por generación y generación: un pueblo que había nacido, se había sustentado, y crecido con la fe y esperanza del Mesías. Un pueblo preparado de Dios para el Mesías, con providencias y prodigios inauditos por espacio de dos mil años: que este pueblo de Dios, este pueblo santo tuviese en medio de sí a este mismo Mesías por quien tantos siglos había suspirado, que lo viese por sus propios ojos con todo el esplendor de sus virtudes; que oyese su voz y sus palabras de vida, siempre admirado, suspenso y como encantado, de las palabras de gracia que salían de su boca ; que admirase sus obras prodigiosas, diciendo y confesando que: bien lo ha hecho todo: a los sordos los ha hecho oír, y a los mudos hablar; que recibiese de su bondad toda suerte de beneficios, y de beneficios continuos así espirituales como corporales, etcétera; y que con todo eso no lo recibiese, con todo eso lo desconociese, con todo eso lo persiguiese con el mayor furor; con todo eso lo mirase como un seductor, como un inicuo, y como tenía anunciado Isaías, lo hubiese con los malvados contado; con todo eso, en fin, lo pidiese a grandes voces para el suplicio de la cruz? Cierto que han sucedido en esta nuestra tierra cosas verdaderamente increíbles, al paso que ciertas y de la suprema evidencia.

Mas de este sumo mal, infinitamente funesto y lamentable (proseguía yo discurriendo), ¿quién sería la verdadera causa?, ¿Serían acaso los publicanos, los pecadores, las meretrices, por no poder sufrir la santidad de su vida, ni la pureza y perfección de su doctrina? Parece que no, pues el Evangelio mismo nos asegura que: se acercaban a él los publicanos y pecadores para oírle; y esto era lo que murmuraban los Escribas y Fariseos: y los Fariseos y los Escribas murmuraban diciendo: éste recibe pecadores y come con ellos; y en otra parte: si este hombre fuera profeta, bien sabría quién, y cuál es la mujer que le toca; porque pecadora es (. ¿Sería acaso la gente ordinaria, o la ínfima plebe siempre ruda, grosera y desatenta? Tampoco: porque antes esta plebe no podía hallarse sin él; esta lo buscaba, y lo seguía hasta en los montes y desiertos más solitarios; esta lo aclamaba a gritos por hijo de David y rey de Israel; esta lo defendía y daba testimonio de su justicia, y por temor de esta plebe no lo condenaron antes de tiempo: mas temían al pueblo.

sábado, 8 de febrero de 2014

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton. Capítulo II (I de III)

II
LA BULA UNAM SANCTAM



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El segundo de los ocho documentos del magisterio eclesiástico de los que nos estamos ocupando es la famosa Bula Unam sanctam, promulgada por Bonifacio VIII el 18 de Noviembre de 1302. Tanto el pasaje que abre como el que cierra este pronunciamiento pontifical contienen declaraciones muy importantes sobre este dogma.

La sección con la que se abre la Unam sanctam afirma el dogma mismo y agrega algunas cosas que no se encuentran en ninguna declaración previa de la Iglesia docente.

“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente la creemos y simplemente la confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. Única es ella de su madre, la preferida de la que la dio a luz [Cant. 6, 8]. Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Eph. 4, 5]. Una sola, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra.
Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el Señor en el Profeta: Arranca de la espada, oh Dios, a mi alma y del poder de los canes a mi única [Ps. 21, 21]. Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo, que es la cabeza, y por su cuerpo, y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia. Ésta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Ioh. 19, 23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor, puesto que dice el Señor al mismo Pedro: Apacienta a mis ovejas [Ioh. 21, 17]. Mis ovejas, dijo, y de modo general, no éstas o aquéllas en particular; por lo que se entiende que se las encomendó todas. Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Ioh. 10, 16]. “[1]

La primera sección de la Unam sanctam contiene la afirmación del dogma y tres explicaciones tremendamente importantes. La necesidad de la Iglesia para la obtención de la salvación eterna se describe en términos de la relación de la vida sobrenatural de la gracia santificante con la salvación misma, en términos de la unidad y unicidad de la vera ecclesia de Dios, y en términos de la visibilidad de esa ecclesia según la condición del Nuevo Testamento.

La declaración del dogma en la Unam sanctam difiere un poco de lo afirmado en Firmiter. En el documento más antiguo encontramos la afirmación de que absolutamente nadie se salva fuera de la Iglesia Católica. La Unam sanctam, por otra parte, nos enseña que la salvación misma no puede encontrarse fuera de esta sociedad. Es claro que ambas proposiciones tienen el mismo sentido, ambas insisten en que el proceso de salvación es algo que se encuentra dentro del verdadero reino de Dios en la tierra, y que el hombre tiene que estar de alguna manera dentro desta unidad social si quiere obtener esta gracia divina.

SERMONES DEL PADRE JUAN JOSE CERIANI

QUINTO DOMINGO DE EPIFANÍA


Otra parábola les propuso diciendo: Semejante es el reino de los cielos a un hombre que sembró buena simiente en un campo. Y mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Y después creció la yerba e hizo fruto, apareció también entonces la cizaña. Y llegando los siervos del padre de familias le dijeron: Señor, ¿por ventura no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de dónde tiene cizaña? Y les dijo: hombre enemigo ha hecho esto. Y le dijeron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la recojamos? No, les respondió; no sea que recogiendo la cizaña arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer lo uno y lo otro hasta la siega, y en el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primeramente la cizaña y atadla en manojos para quemarla; mas el trigo recogedlo en mi granero.


Entonces, despedidas las gentes, se vino a casa: y llegándose a Él sus discípulos, le dijeron: explícanos la parábola de la cizaña del campo. Él les respondió y dijo: El que siembra la buena simiente, es el Hijo del hombre. Y el campo es el mundo. Y la buena simiente son los hijos del reino. Y la cizaña son los hijos de la iniquidad. Y el enemigo, que la sembró, es el diablo. Y la siega es la consumación del siglo. Y los segadores, son los ángeles. De modo que así como es recogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en la consumación del siglo. Enviará el Hijo del hombre sus Ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que obran iniquidad, y echarlos han en el horno del fuego. Allí será el llanto, y el crujir de los dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.



Les propongo algunos textos de los Santos Padre, que ilustran esta preciosa parábola y su aplicación.


San Juan Crisóstomo dice que en la parábola del sembrador Nuestro Señor habla de los que rechazaron la simiente; mientras que en ésta se trata de los grupos de herejes. En aquella decía que no se le recibía, en esta otra dice que hay corruptores recibidos juntamente con los discípulos.


Es decir, ahora habla de aquellos que reciben la simiente alterada, porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad.

viernes, 7 de febrero de 2014

Oraciones de San Francisco de Asis

Saludo a la bienaventurada Virgen María

¡Salve, Señora, santa Reina,
santa Madre de Dios, María,
virgen hecha iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Defensor,
en ti estuvo y está
toda la plenitud de la gracia y todo bien!
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo suyo!
¡Salve, casa suya!
¡Salve, vestidura suya!
¡Salve, esclava suya!
¡Salve, Madre suya!
Y, ¡salve, todas vosotras santas virtudes,
que, por la gracia e iluminación del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones de los fíeles,
para hacerlos, de infieles, fieles a Dios!



Nota del Blog: Les dejo queridos Amigos este vídeo que muestra una representación de una entrevista Periodística hecha a San Francisco de Asís contando la Historia de su vida y obra.A pesar de ser una obra de ficción es muy  entretenida y bien actuada. 
    

miércoles, 5 de febrero de 2014

"La venida del Mesías, en gloria y majestad"

"La venida del Mesías, en gloria y majestad"
Tomo I

Observaciones de Juan Josafat Bem-Ezra
Manuel Lacunza.




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Prólogo

     No me atreviera a exponer este escrito a la crítica de toda suerte de lectores, si no me hallase suficientemente asegurado: si no lo hubiese hecho pesar una y muchas veces en las mejores y más fieles balanzas que me han sido accesibles, si no hubiese, digo, consultado a muchos sabios de primera clase, y sido por ellos asegurado (después de un prolijo y riguroso examen) de no contener error alguno, ni tampoco alguna cosa de sustancia digna de justa reprensión.
     Mas como este examen privado (que por mis grandes temores, bien fundado en el claro conocimiento de mi nada, lo empezé a pedir tal vez antes de tiempo) no pudo hacerse con tanto secreto que de algún modo no se trasluciese, entraron con esto en gran curiosidad algunos otros sabios de clase inferior, en quienes por entonces no se pensaba, y fue necesario, so pena de no leves inconvenientes, condescender con sus instancias. Esta condescendencia inocente y justa ha producido, no obstante, algunos efectos poco agradables, y aun positivamente perjudiciales: ya porque el escrito todavía informe se divulgó antes de tiempo y sazón; ya porque en este estado todavía informe se sacaron de él algunas copias contra mi voluntad, y sin serme posible el impedirlo; ya también y principalmente, porque algunas de estas copias han volado más lejos de lo que es razón, y una de ellas, según se asegura, ha volado hasta la otra parte del océano, en donde dicen ha causado no pequeño alboroto, y no lo extraño, por tres razones: primera, porque esa copia que voló tan lejos, estaba incompleta, siendo solamente una pequeña parte de la obra; segunda, porque estaba informe, no siendo otra cosa que los primeros borrones, las primeras producciones que se arrojan de la mente al papel, con ánimo de corregirlas, ordenarlas y perfeccionarlas a su tiempo; tercera, porque a esta copia en si misma informe, se le habían añadido y quitado no pocas cosas al arbitrio y discreción del mismo que la hizo volar; el cual aun lleno de bonísimas intenciones, no podía menos (según su natural carácter bien conocido de cuantos le conocen) que cometer en esto algunas faltas bien considerables. Yo debo por tanto esperar de todas aquellas personas cuerdas a cuyas manos hubiese llegado esta copia infeliz, o tuviesen de ella alguna noticia, que se harán cargo de todas estas circunstancias; no juzgando de una obra por algunos pocos de papeles sueltos, manuscritos, e informes, que contra la voluntad de su autor se arrojaron al aire imprudentemente, cuando debían más antes arrojarse al fuego. Esto último pido yo, no sólo por gracia, sino también por justicia, a cualquiera que los tuviese.
     Hecha esta primera advertencia que me ha parecido inevitable, debo ahora prevenir alguna leve satisfacción a dos o tres reparos generales y obvios, que ya se han hecho por personas nada vulgares, y por consiguiente se pueden hacer.

Primer reparo
     El primero y más ruidoso de todos es la novedad. Está (dicen como temblando, y sin duda con óptima intención) en puntos que pertenecen de algún modo a la religión, como es la inteligencia y explicación de la Escritura Santa, siempre se ha mirado, y siempre debe mirarse con recelo y desecharse como peligro; mucho más en este siglo en que hay tantas novedades, y en que apenas se gusta de otra cosa que de la novedad, etc.

Respuesta
     La primera parte de esta proposición ciertamente es justa y prudentísima, así como la segunda parte parece imprudentísima, injustísima, y por eso infinitamente perjudicial. La novedad en cualquier asunto que sea, mucho más en la inteligencia y exposición de la Escritura Santa, debe mirarse siempre con recelo, y no admitirse ni tolerarse con ligereza: mas de aquí no se sigue que deba luego al punto desecharse como peligro, ni reprobarse ligeramente por sólo el título de novedad. Esto sería cerrar del todo la puerta a la verdad, y renunciar para siempre a la esperanza de entender la Escritura Divina. Todos  los intérpretes, así antiguos como no antiguos, confiesan ingenuamente (y lo confiesan muchas veces ya expresa ya tácitamente sin poder evitar esta confesión) que en la misma Escritura hay todavía infinitas cosas oscuras y difíciles que no se entienden, especialmente lo que es profecía. Y aunque todos han procurado con el mayor empeño posible dar a estas infinitas cosas algún sentido o alguna explicación, saben bien los que tienen en esto alguna práctica, que este sentido y explicación realmente no satisface; pues las más veces no son otra cosa que una pura acomodación gratuita y arbitraria, cuya impropiedad y violencia salta luego a los ojos.
     Ahora digo yo: estas cosas que hasta ahora no se entienden en la Escritura Santa, deben entenderse alguna vez, o a lo menos proponerse su verdadera inteligencia; pues no es creíble, antes repugna a la infinita santidad de Dios, que las mandase escribir inútilmente por sus siervos los profetas. Si alguna vez se han de entender, o se ha de proponer su verdadera inteligencia, será preciso esperar este tiempo, que hasta ahora ciertamente no ha llegado. Por consiguiente será preciso esperar sobre esto en algún tiempo alguna novedad. Mas si esta novedad halla siempre en todos tiempos cerradas absolutamente todas las puertas, si siempre se ha de recibir y mirar como peligro, si siempre se ha de reprobar por solo el título de novedad, ¿qué esperanza puede quedarnos? El preciso título de novedad, aun en estos  asuntos sagrados, lejos de espantar a los verdaderos sabios, por píos y religiosos que sean, debe por el contrario incitarlos más, y aun obligarlos a entrar en un examen formal, atento, prolijo, circunstanciado, imparcial de esta que se dice novedad, para ver y conocer a fondo, lo primero: si realmente es novedad o no; si es alguna idea del todo nueva, de que jamás se ha hablado ni pensado en la iglesia católica desde los apóstoles hasta el día de hoy, o es solamente una idea seguida, propuesta, explicada y probada con novedad. En lo cual no pueden ignorar los sabios católicos, religiosos y píos, que hay una suma diferencia y una distancia casi infinita. Lo segundo: si esta novedad o esta idea solo propuesta, seguida, explicada y probada con novedad, es falsa o no; es decir, si se opone o no se opone a alguna verdad de fe divina, cierta, segura, e indisputable, si es contraria o no contraria, sino antes conforme a aquellas tres reglas, únicas e infalibles de nuestra creencia, que son: primera, la Escritura Divina entendida en sentido propio y literal; segunda, la tradición, no humana, sino divina: la tradición, digo, no de opinión sino de fe divina, cierta, inmemorial, universal y uniforme (condiciones esenciales de la verdadera tradición divina); tercera, la definición expresa y clara de la Iglesia congregada en el Espíritu Santo.
     Lejos de temer un examen formal por esta parte, o por las tres reglas únicas e infalibles, arriba dichas, es precisamente el que deseo y pido con toda la instancia posible; ni temo otra cosa sino la falta de este examen, exacto y fiel. Si las cosas que voy a proponer (llámense nuevas, o solo propuestas y tratadas con novedad) se hallaren opuestas, o no conformes con estas tres reglas infalibles, y si esto se prueba de un modo claro y perceptible, con esto sólo yo me daré al punto por vencido, y confesaré mi ignorancia sin dificultad. Mas si a ninguna de estas tres reglas se opone nuestra novedad, antes las respeta y se conforma con ellas escrupulosamente: si la primera regla que es la Escritura Santa no sólo no se opone, sino que favorece y ayuda, positivamente, claramente, universalmente; si por otra parte las dos reglas infalibles nada prohíben, nada condenan, nada impiden, porque nada hablan, etc.; en este caso ninguno puede condenar ni reprender justa y razonablemente esta novedad, por sólo el título de novedad, o porque no se conforma con el común modo de pensar. Esto sería canonizar solemnemente como puntos de fe divina, las infinitas inteligencias y explicaciones puramente acomodaticias con que hasta ahora se han contentado los intérpretes de la Escritura, prescindiendo absolutamente de la inteligencia verdadera, como saben, lloran y se lamentan los eruditos de esta sagrada facultad, especialmente sobre las profecías.

martes, 4 de febrero de 2014

La Iglesia Católica y la Salvación,por J.C. Fenton

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton. Capítulo I

                         

I

EL CUARTO CONCILIO ECUMÉNICO DE LETRÁN
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En Firmiter, el primer capítulo de las declaraciones doctrinales del Cuarto Concilio de Letrán, encontramos la siguiente declaración: ““Una sola es la Iglesia universal de los fieles fuera de la cual absolutamente nadie se salva”.[1]

Esta fórmula presenta una singular semejanza con la que se encuentra en la profesión de fe prescripta por Inocencio III en 1208 para los Valdenses que querían retornar a la Iglesia: “De corazón creemos y con la boca confesamos una sola Iglesia, no de herejes, sino la Santa, Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva”[2].

Cada uno de estos documentos presenta tres proposiciones diferentes como verdades realmente reveladas por Dios, y por lo tanto como enseñanzas que los hombres están obligados a aceptar con asentimiento de fe divina. Por una implicancia inmediata y necesaria estas proposiciones condenan como heréticas las enseñanzas contradictorias a estos tres dogmas de fe Católica. Estas verdades de fe afirman:



1) Es una verdad divinamente revelada que hay sólo una verdadera ecclesia o Iglesia de Dios.
2) Es una verdad divinamente revelada que esta verdadera ecclesia es la Iglesia Católica, aquella unidad social llamada propiamente “la Iglesia universal de los fieles”.
3) Absolutamente nadie, según la propia revelación de Dios, puede salvarse si, al momento de la muerte, se encuentra “fuera” desta sociedad”.


Como consecuencia, según la enseñanza destos documentos sería herético imaginar que hay más de una unidad social que pueda ser designada como la verdadera ecclesia de Dios, que la Iglesia Católica no es esta verdadera ecclesia, o que alguna persona puede obtener la salvación fuera de la Iglesia Católica.
En un estudio como el nuestro, el valor especial destos documentos se encuentra en el hecho de que colocan el dogma de la necesidad de la Iglesia para la salvación en contra de sus propios precedentes y que ambos, particularmente la afirmación del Concilio de Letrán, resaltan claramente la necesidad real y completa de la Iglesia según los designios actuales de la providencia de Dios.

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton


EL DOGMA DE LA SALVACIÓN EN LOS PRONUNCIAMIENTOS OFICIALES DE LA IGLESIA

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Hay varios documentos emanados del magisterio supremo de la Iglesia que tratan sobre la doctrina revelada de que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica. Las últimas ediciones del Denzinger traen más de veinte citas pertinentes a este dogma, tomadas de diferentes documentos oficiales promulgados por la Santa Sede y por los Concilios Ecuménicos. Si alguien quiere saber exactamente cómo entiende y enseña la Iglesia Católica esta verdad revelada, la mejor forma de obtener esta información es leyendo y estudiando estas declaraciones oficiales y autoritativas del magisterio eclesiástico.

En realidad no es necesario estudiar cada una destas declaraciones individualmente. De hecho sucede que ocho de estos pronunciamientos oficiales tomados en su conjunto dan a conocer cada uno de los aspectos de la enseñanza Católica sobre este tema que la Iglesia ha incluido en sus documentos autoritativos. De aquí que un examen de estas ocho declaraciones nos va a mostrar cada uno de los aspectos y facetas de la enseñanza oficial de la Iglesia sobre su propia necesidad para obtener la salvación eterna.
Los ocho documentos donde se encuentran estas declaraciones son:

1) Una profesión de fe Católica promulgada por el IV Concilio de Letrán (el decimosegundo entre los Concilios Ecuménicos) en 1215, durante el pontificado de Inocencio III.

2) La Bula Unam Sanctam, publicada por Bonifacio VIII el 18 de noviembre de 1302.

3) El decreto para los Jacobitas en la Bula Cantate Domino, publicada por Eugenio IV el 4 de febrero de 1442 e incluída en las Acta del Concilio de Florencia, el décimo séptimo entre los Concilios Ecuménicos.

4) La alocución Singulari quadam, pronunciada el 9 de diciembre de 1854, el día después de la definición solemne de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, por Pío IX a los Cardenales, Arzobispos y Obispos reunidos en Roma para la definición del dogma.

5) La encíclica Quanto conficiamur moerore, dirigida por Pío IX a los Obispos de Italia el 10 de agosto de 1863.

6) La carta encíclica Mystici Corporis Christi, publicada el 29 de junio de 1943 por Pío XII.

7) La carta Suprema haec sacra, enviada por el Santo Oficio a instancias de Pío XII, a Su Excelencia el Arzobispo de Boston el 8 de Agosto de 1949.

8) La carta encíclica Humani generis, publicada por Pío XII el 12 de agosto de 1950.

Cada uno de los ocho capítulos que van a formar la primera parte deste libro va a considerar las enseñanzas de uno destos documentos sobre la necesidad de la Iglesia Católica para obtener la salvación eterna. Los documentos van a ser estudiados por orden cronológico.

Todas estas declaraciones de la Santa Sede y de los Concilios Ecuménicos deben ser aceptadas por todos los católicos con verdadero asentimiento interno puesto que son pronunciamientos autoritativos de la Iglesia docente. Lo que enseñan sobre este dogma es algo que los Católicos están obligados a sostener en conciencia. Definitivamente no es suficiente para un católico el recibirlos con lo que se ha dado en llamar “silencio respetuoso”. No es suficiente con sólo abstenerse de rechazar abiertamente lo que ha sido enseñado por la ecclesia docens en estos documentos autoritativos. Y, por lo tanto, está objetivamente mal sostener una explicación de la necesidad de la Iglesia para la salvación que sea incompatible en modo alguno con lo que la misma Iglesia ha enseñado en forma autoritativa sobre este dogma.



La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton

Nota del Blog: Con el Objeto de despejar dudas y aclarar la correcta y pura interpretación del Dogma Católico Extra Ecclesiam nulla Salus (Fuera de la Iglesia no hay salvación) presentamos el galardonado trabajo de Monseñor Jospeh Clifford Fenton,trabajo que refleja la Fe de la Iglesia  con respecto a este gran Dogma y su correcta interpretación no cayendo en los extremos Fenetas ni en el Modernismo imperante.Libro ampliamente recomendado en las Diócesis de EEUU luego del problema con el Padre Feneey a quienes tuvieran dudas con lo que el Dogma refleja y Enseña.Compartimos gustoso este Material inedito en Español que a medida que se va traduciendo del original en Ingles se ira posteando.No obstante al ser traducido en capítulos que hacen a un tema concreto se puede ir estudiando sin problemas.Se Anexa un audio en Mp3 mediante un sistema de lectura virtual,con el texto para los que gusten escuchar al mismo tiempo que van leyendo

Original Ingles: Here 



LA IGLESIA CATÓLICA Y LA SALVACIÓN
A la luz de los recientes pronunciamientos de la Santa Sede.
(1958)


Por Monseñor Jospeh Clifford Fenton,
Miembro de la Academia Teológica Pontifical Romana.
Consejero de la Sagrada Congregación de los Seminarios y Universidades.
Profesor de Teología Dogmática Fundamental en la Universidad Católica de América.
Editor del Amercian Ecclesiastical Review.




Descargar Audio Mp3: Aquí

INTRODUCCIÓN

En su encíclica Humani generis Pío XII hizo referencia a una frase de su gran predecesor, Pío IX, diciendo que la función más noble de la sagrada teología es la de mostrar de qué manera la doctrina revelada definida por la Iglesia se encuentra en las fuentes de la revelación –esto es, en la Sagrada Escritura y en la tradición divino-apostólica- en la misma manera en que la Iglesia lo propuso. Este libro es el resultado de un esfuerzo laborioso y humilde de hacer esto con referencia a lo que la autoridad eclesiástica ha enseñado y definido sobre la necesidad de la Iglesia para obtener la salvación.

Pocos dogmas de la fe Católica han sido comentados e interpretados en la literatura teológica y religiosa del siglo XX en forma tan frecuente y extensiva como aquel que nos enseña que no hay salvación fuera de la verdadera Iglesia de Jesucristo. De aquí que todo libro nuevo sobre este tema debe intentar ofrecer, por lo menos, alguna ventaja teológica que no se encuentra en la literatura Católica actual. El autor del presente trabajo cree sinceramente que su publicación se justifica por estas tres razones:


1) Este libro cita, y mucho, las afirmaciones y definiciones de la Santa Sede y de los Concilios Ecuménicos pertinentes a la necesidad de la Iglesia para obtener la salvación eterna. Analiza estos pronunciamientos y resalta explícitamente las enseñanzas católicas a las que se refiere y las que están implícitas. Luego examina el dogma, según ha sido afirmado y explicado por el magisterio de la Iglesia, a la luz de lo que las fuentes de la revelación dicen sobre la natura de la Iglesia y sobre el proceso de la salvación y de la santificación. Así se puede mostrar que lo que la Iglesia siempre ha enseñado y definido sobre este tema es precisamente lo que el mensaje divino, contenido en la Escritura y en la tradición, enseña sobre el reino sobrenatural de Dios.

Toda persona familiarizada con lo que se ha escrito en nuestros tiempos sobre este dogma está al tanto que en una gran mayoría de los casos estos escritos han versado por lo general, si es que no exclusivamente, sobre la prueba y explicación de cómo este dogma no significa que sólo los miembros de la Iglesia pueden salvarse. Esto, por supuesto, es perfectamente cierto. El magisterio eclesiástico, al enseñar y proteger este dogma, insiste en que no hay salvación fuera de la Iglesia Católica y al mismo tiempo insiste igualmente que la persona que muere sin haber sido jamás miembro de la Iglesia Católica puede obtener la Visión Beatífica.

Pero si, a los fines prácticos nos limitamos al exponer el dogma a asegurar que no implica que todo hombre que muere como no-miembro de la Iglesia Católica no se pierde necesariamente por toda la eternidad -como muchos escritos modernos sobre este tema suelen hacer- tendemos a perder de vista los misterios centrales de la misericordiosa dispensación de Dios en el orden sobrenatural. Puesto que, y esto no lo debemos olvidar, las verdades reveladas sobre la necesidad de la Iglesia Católica para obtener la salvación eterna pertenece al orden de los grandes misterios sobrenaturales, los cuales están relacionados con la doctrina revelada de Dios sobre la gracia, el proceso de salvación, la obra de la Redención, y la Santísima Trinidad. Al mostrar de qué forma están contenidas en las fuentes de la revelación las enseñanzas del magisterio eclesiástico de la misma manera en que han sido enseñadas y definidas por la Iglesia, podemos ver este dogma de la Iglesia precisamente como la expresión precisa y autoritativa de un misterio revelado.

lunes, 3 de febrero de 2014

Palabras de Vida.Inspiradas en el Misal


Mientras mas queridos somos de Dios,mas sufrimos en este mundo.
Jesús,el hijo muy amado de Dios,ha sufrido como jamas hombre alguno ha sufrido. María, nuestra Madre,es la Madre dolorosa.
Por que?
Porque Dios es infinitamente bueno.Da a los incrédulos,a los malos que no tendrán la dicha de gozar de su hermoso paraíso,los bienes de este mundo,bienes que duran algunos años,pero que pasan para siempre.
Pero a sus amigos,les da los bienes eternos,puesto que todo sufrimiento soportado por Dios y en unión con Jesús,tendrá una recompensa inefable por toda la eternidad.
Por eso fue María tan pobre;por eso toda su vida fue un martirio,desde que el santo anciano Simeon,le predijo los sufrimientos de su hijo.
A menudo,los mas grandes amigos de Dios sufren mucho en esta tierra,a fin de no apegarse a las cosas de este mundo,puesto que han de tener luego una felicidad infinita por toda la eternidad



Dom Columba Marmion

jueves, 7 de noviembre de 2013

Una caña en el cañaveral




                                                    

Yo era sólo una caña
Había crecido como las demás en el ambiente húmedo y apacible de la orilla del rio.Pero mi vida no tenía mucho sentido.
No era ni árbol frutal que alimentara a pájaros y niños, ni rosal que llenara de color y aromas los altares y las novias.
Sólo una caña hueca a menudo agitada por el viento, confundiendo la vida
con el movimiento, aunque a veces... sonaba en mi como música la brisa.
Alguna vez... sentí envidia y me puse a soñar, cuando se acercaba al río el pescador y yo quería ser su caña de pescar.
Pero yo sólo era una caña vacía, sin fruto y sin futuro, en el cañaveral.
Un día de verano se acercó el joven pastor hasta la orilla entre silbos y cantares. Y me tomó en su mano, y me puse en sus manos, y, arrancándome del lodo y el aburrimiento me llevó a la sombra de la encina, donde las ovejas sesteaban.
Me acarició limpiándome el barro adherido y con su navaja de pan partir fue haciéndome a su medida, cortando lo sobrante, puliendo lo tosco y desabrido, abriéndome agujeros, vaciando mi vacío, dejándome yo hacer al tacto de sus dedos, sin ya poner reparos, sin miedos, ni recelos. Y me probó en su boca dándome el primer beso verdadero, y para hacerme a sus labios, me fue recortando en un extremo, probando y volviendo a probar mi ajustamiento.

Yo era sólo una caña vacía pero el pastor se enamoró de mi vaciamiento,
y al llevarme a la boca, abierta ya a su espíritu, su aliento llenó mi estéril oquedad de soplo de vida, de fuego, de música y armonía, de vibraciones sonoras y melodías al ritmo de sus dedos y a sus caricias.
Yo era sólo una pobre caña, pero, puesta en las manos del pastor, soñada en sus sueños, modelada a su aire y su estilo, con el beso de sus labios y su aliento, movida al ritmo de sus dedos, soy toda música, soy ya una flauta, su flauta, la que lleva en el zurrón todos los días junto al pan y el vino de merienda, la flauta de su música que ya conocen sus ovejas y les guía por el camino. La flauta que llena de melodías los campos y las tardes, de alegría el corazón de su zagala amante, de sonrisas el alma de los niños y los pobres.
Yo era sólo una caña pero estaba llamada desde siempre a cambiar mi vacío en música, y ser su flauta.

lunes, 1 de abril de 2013

sermones padre juan carlos ceriani

                              DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Pasado el sábado, María Magdalena, María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas otras: ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro? Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: No temáis. Buscáis a Jesús de Nazaret crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá en Galilea; allí le veréis, como os lo dijo.



Todos estos días pasados, la Iglesia estaba de luto. Hoy se alegra y canta Aleluya ! Hæc dies quam fecit Dominus, exultemus et lætemur in ea. Este es el día que ha hecho el Señor, exultemos y alegrémonos en él.

La resurrección de Jesucristo es, en efecto, la fiesta solemne entre todas… es el misterio más glorioso para Él, y el más consolador para nosotros.


Nuestro Señor fue entregado a la muerte por nuestros pecados y ha resucitado para nuestra justificación. Hoy vence a la muerte, vuelve a la vida, pero una vida inmortal y eterna: Christus resurgens ex mortuis iam non moritur...


Y es para nosotros un motivo y una fuente de júbilo, de satisfacción y de esperanza para la vida eterna.


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¿Cómo sucedió la Resurrección de Nuestro Señor? Resumamos las narraciones de los Evangelistas.


Nuestro Señor murió el Viernes, a las tres de la tarde; poco después, José, de Arimatea y Nicodemo descendieron el Cuerpo de la Cruz, lo ungieron y lo enterraron…


El Sábado, los Sumos Sacerdotes, por recelos impíos y ridículos en contra de su resurrección y temiendo un robo, hacen sellar la tumba y poner guardias junto a ella… Testimonio singularmente precioso que ellos proporcionan, involuntariamente, tanto de la muerte y sepultura de Jesús, como de la imposibilidad de robar su Cuerpo y, por lo mismo, prueba de su resurrección…


Tantos más esfuerzos hacen contra Él, mayores servicios prestan a los creyentes.


Una vez más, Nuestro Señor sorprende y confunde a los sabios de este mundo en su propia astucia sibilina, haciéndolos caer en la propia trampa que habían preparado.


Antes del amanecer del Domingo, que era el tercer día después de su muerte, el Alma de Jesús, por su propio poder divino, remonta del Limbo y viene a reunirse con su Cuerpo, comunicándole, junto con la vida, sus cualidades gloriosas, haciendo de él un cuerpo resucitado glorioso, inmortal, impasible, luminoso, sutil y ágil.


Y Jesús, glorioso e inmortal, sale de la tumba sin romper los sellos ni la piedra, como había salido con ese mismo Cuerpo, aunque mortal entonces, de las purísima entrañas de María Virgen.


Se produjo en ese momento un gran temblor de tierra. Así como la muerte del Señor fue señalada por un terremoto, del mismo modo su resurrección. El cataclismo es la manifestación del poder, del señorío, de la gloria de Dios. Cuando Jesús resucitó, la tierra, conmoviéndose, rindió pleitesía al poder y magnificencia de su Dios.


Un Ángel del Señor, brillante como un relámpago, deslizó la piedra que cerraba el sepulcro y se sentó sobre ella…


Convenía que se abriera de par en par la boca del sepulcro para que todo el mundo viera que estaba vacío; Dios quiso que esto fuera realizado por ministerio de un Ángel, del mismo modo que anunciaron su concepción y su nacimiento, y le confortaron en el desierto y en Getsemaní.


A su vista, los guardias, aterrorizados, quedaron como muertos…. y luego huyeron para ir a los Sumos Sacerdotes y contarles lo maravilloso que había sucedido.


La mentira de estos fue tan sin sentido e inútil como lo habían sido el día anterior sus medidas de precaución. La mentira es iniquidad para consigo misma. Dice San Agustín: Dormientes testes adhibes; vere tu ipse dormisti: ¿Presentas testigos que están durmiendo? Ciertamente, eres tú el que dormiste.


El amor devoto hizo que las santas mujeres madrugaran, y el santo coraje las llevó hacia el lugar del entierro, sin temor a los judíos. Pero una preocupación las embargaba durante el camino: la piedra que cerraba la tumba era pesadísima, y ellas eran débiles mujeres y se decían unas otras: ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?


María Magdalena, al ver abierto el sepulcro
y la falta del Cuerpo del Señor, echó a correr y llegó donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.


Mientras tanto, las otras mujeres, venciendo el natural recelo que les inspiraba el hecho misterioso, resolvieron entrar en la tumba y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca. Era un Ángel en forma humana; vestía blanca túnica, señal de la gran fiesta.


Las mujeres se asustaron. Pero él les respondió con un discurso vibrante y emotivo: No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite”. Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis.


Mientras tanto tuvo lugar la aparición de Jesús a su Madre Divina…


Luego se manifestará a Santa María Magdalena, a las Santas Mujeres, a San Pedro, a los dos discípulos de Emaús, a los apóstoles en el Cenáculo estando ausente Santo Tomás…


¿Quién podrá expresar la alegría de los Ángeles… el gozo y el consuelo de la Santísima Virgen… el estupor, admiración y renacida fe y esperanza de todos los discípulos?…


Resurrexit sicut dixit, aleluya ! Hæc dies quam fecit Dominus, exultemos et lætemur in ea !





Cabe preguntarse, ¿por qué Nuestro Señor ha resucitado? Consideremos las misteriosas razones de este gran milagro de la Resurrección de Nuestro Señor.


En primer lugar fue para honrar y glorificar su Cuerpo, que había sufrido tanto. Dicho premio y recompensa le eran bien debido.


Recordemos a qué fue reducido durante su dolorosa Pasión, y veámoslo hoy: ¡qué maravilloso cambio! Antes de ayer, este divino Salvador fue humillado, despreciado, burlado, azotado, coronado de espinas, cruelmente clavado en la cruz entre dos ladrones… y murió sobre el patíbulo, y fue enterrado con prisa…


Pero hoy, helo aquí resucitado y triunfante, para siempre vencedor de la muerte… Ese Cuerpo, maltrecho e irreconocible, se convirtió en resplandeciente y radiante como el sol, goza de sutileza y agilidad, penetra por todas partes y se desplaza de un lugar a otro con la rapidez de la mirada…


Jesús, en este día es glorificado delante de su Padre, delante de Ángeles, ante los poderes del infierno y sus lacayos terrenos, y ante sus discípulos…

lunes, 17 de septiembre de 2012

sermones del R.P Ceriani

DECIMOSEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



"Y aconteció que entrando Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos a comer pan, ellos le estaban acechando. Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de Él. Y Jesús dirigiendo su palabra a los doctores de la ley y a los fariseos les dijo: ¿Es lícito curar en sábado? Mas ellos callaron. Él entonces le tomó, le sanó y le despidió. Y les respondió y dijo: ¿Quién hay de vosotros, viendo su asno o su buey caído en un pozo, no le saca al instante en día de sábado? Y no le podían replicar a estas cosas.


Y observando también cómo los convidados escogían los primeros asientos en la mesa, les propuso una parábola, y dijo: Cuando fueres convidado a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que haya allí otro convidado más honrado que tú, y que venga aquel que te convidó a ti y a él y te diga: Da el lugar a éste; y que entonces tengas que tomar el último lugar con vergüenza; mas cuando fueres llamado, ve y siéntate en el último puesto. Para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces serás honrado delante de los que estuvieren contigo a la mesa. Porque todo aquél que se ensalza humillado será: y el que se humilla será ensalzado."


Jesús entra un sábado en casa de uno de los principales fariseos…
Ellos le estaban acechando…

¿Es lícito curar en sábado?…

He aquí, en tres pinceladas, planteada la constante disputa de los fariseos contra Nuestro Señor acerca del precepto de guardar el Sábado y cumplir los otros mandatos de la Ley.

Siete veces aparece en los Evangelios la acusación que hicieran a Jesús de no respetar el día de reposo… Y Jesucristo les respondió que el Sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el Sábado, y que el Hijo del hombre es Señor del Sábado.

Un día, el jefe de la Sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado. Replicóle el Señor: ¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?

En otra oportunidad, luego de una prédica de Jesús, se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra? Él les respondió: Dejadlos; son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.


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Todo esto no lleva a meditar hoy sobre el escándalo y el fariseísmo, temas por demás actuales e importantes…

Según expone San Jerónimo, lo que en griego se llama escándalo lo podemos traducir por tropiezo o ruina.

Sucede, en efecto, que en el camino material se pone a veces un obstáculo, y quien tropieza en él corre el riesgo de caer; ese obstáculo se llama escándalo.

Acontece, igualmente, en la vida espiritual que las palabras y acciones de otro inducen a ruina espiritual en cuanto que con su solicitación o ejemplo arrastran al pecado. Esto es, propiamente, el escándalo.

Por eso se define el escándalo como: Dicho o hecho menos recto que ofrece ocasión de ruina.


La expresión menos recto significa falta de rectitud, bien sea porque se trata de algo en sí mismo malo; bien sea porque ofrezca alguna apariencia de mal.

En efecto, aunque tal hecho no sea en sí mismo pecaminoso, sin embargo, por el hecho de tener cierta semejanza o parecido de mal, podría ofrecer a otro ocasión de ruina. De ahí que San Pablo amoneste: Huid de toda mala apariencia.




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El dicho o el hecho de otro puede convertirse en causa de pecado de dos modos: de suyo y accidentalmente.
Lo es de suyo cuando alguien, con lo que dice o lo que hace, intenta inducir a otro a pecar; o también, aun en el caso de que no lo intente, cuando lo que hace es de tal naturaleza que induzca a pecar; por ejemplo, pecando públicamente o haciendo algo que tiene apariencia de pecado.

Quien realiza una acción de ese tipo ofrece propiamente ocasión de caída; por eso se llama escándalo activo.

Por otra parte, las palabras o acciones de uno pueden convertirse accidentalmente en causa de pecado, cuando, incluso sin intención del autor, y aparte de las circunstancias de la acción, se ve alguien inducido a pecar por estar mal dispuesto.

En este caso, el que hace esa acción recta, en cuanto está de su parte, no da ocasión, sino que el otro la toma.


Este es escándalo pasivo, y no escándalo activo, ya que, quien obra con rectitud, en cuanto está de su parte, no da ocasión de la ruina que padece el otro.


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Hay, pues, un doble escándalo: el pasivo, de quien sufre el escándalo; y el activo, de quien lo provoca ofreciendo ocasión de caída.

Sucede, pues, que a veces se conectan el escándalo activo de uno y el pasivo de otro; por ejemplo, cuando uno peca por instigación de otro.

A veces, en cambio, hay escándalo activo sin el pasivo, como en el caso de quien, de palabra o de obra, induce a pecar a otro y éste no consiente.

Otras veces se da el escándalo pasivo sin el activo.

El escándalo pasivo es siempre pecado en quien lo sufre, ya que nadie se escandaliza sino en cuanto que de algún modo sufre ruina espiritual, la cual es pecado.

Pero puede darse, pues, el escándalo pasivo, sin pecado por parte de quien fue autor del hecho por el que otro se escandaliza; tal es el caso de quien se escandaliza por el bien que otro hace.

El escándalo pasivo siempre es causado por algún escándalo activo, mas no siempre por el escándalo activo ajeno; a veces, el sujeto se escandaliza a sí mismo.

Respecto del escándalo activo, este es siempre pecado por parte de quien lo provoca. En efecto, la acción o es pecado o tiene apariencia de pecado. En este caso, la caridad hacia el prójimo obliga a esforzarse en velar por su salvación; no hacerlo implica atentado contra la caridad.

Puede darse el escándalo activo sin pecado por parte de aquel a quien escandaliza.




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Respecto del escándalo pasivo, se debe considerar ¿qué hay que dejar de lado para que otro no se escandalice?
Pues bien, entre los bienes espirituales hay que distinguir.

Algunos son necesarios para la salvación, y éstos no se pueden omitir sin pecado mortal; ya que es evidente que nadie puede pecar mortalmente para impedir el pecado de otro, porque el orden de la caridad exige que la salud espiritual propia prevalezca sobre la ajena.

Por lo tanto, lo necesario para la salvación no debe omitirse a efectos de evitar el escándalo.

En cuanto a los bienes espirituales no necesarios para la salvación se impone, a su vez, establecer una distinción.

En efecto, el escándalo a que dan lugar proviene, a veces, de la malicia; tal es el caso de quien quiere impedir ese tipo de bienes espirituales provocando escándalo.

Ese era el escándalo de los fariseos, que se escandalizaban de la doctrina del Señor. Ese tipo de escándalo debe desdeñarse, como enseña el Señor.

Por eso, San Gregorio, comentando a Ezequiel, escribe: Si la verdad da lugar al escándalo, es preferible permitir el escándalo a apartarse de la verdad.
Como los bienes espirituales pertenecen de forma muy especial al plano de la verdad, por eso, no se deben abandonar los bienes espirituales por el escándalo.

Pero el escándalo proviene, a veces, de la debilidad y de la ignorancia; es el escándalo de los pusilánimes. En ese caso se deben ocultar y a veces incluso diferir las obras espirituales, si puede hacerse sin inminente peligro, hasta que, explicado el tema, se desvanezca el escándalo.

Pero si, una vez explicado el tema, continúa el escándalo, parece que éste proviene entonces de la malicia, en cuyo caso no hay razón para omitir las obras espirituales a causa de él.


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Sobre la doctrina hay que tener en cuenta dos cosas: la verdad que se enseña y el acto mismo de enseñarla.
De estas dos cosas, la verdad que se enseña, es necesaria para la salvación, es decir, no enseñar lo contrario a la verdad; antes bien, aquel a quien incumbe el oficio de enseñarla, debe proponer la verdad teniendo en cuenta las circunstancias de tiempo y de las personas.

De ahí que, cualquiera que sea el escándalo a que pueda dar lugar, jamás se debe renunciar a la verdad y enseñar el error.

El acto mismo de enseñar, por su parte, se considera entre la limosna espiritual. Por eso es necesario tratar la doctrina de la misma manera que las otras obras de misericordia.

De ahí que tampoco se han de abandonar, absolutamente, ni los consejos, ni tampoco las obras de misericordia por escándalo de los pequeñuelos.
Otro tanto ocurre cuando se trata de cosas anexas al cargo, como es el caso de los prelados, o cuando lo exija la necesidad del indigente.

En estos supuestos vale exactamente la misma razón para estos casos que para lo que es necesario para la salvación.


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¿Y en cuanto a los bienes temporales?

Si a los hombres malos se les permitiese alzarse con lo ajeno, esto redundaría en detrimento de la verdad, de la vida y de la justicia. Por lo mismo, no hay que abandonar los bienes temporales por cualquier tipo de escándalo.
Entre los bienes temporales se impone una distinción, ya que o son nuestros o nos han confiado su conservación en favor de otros.

La conservación de los bienes entregados en depósito, incumbe por necesidad a quienes les han sido confiados. Por eso no se deben abandonar por el escándalo.

En cambio, los bienes temporales de que somos dueños, por el escándalo debemos dejarlos unas veces sí y otras no: dándolos, si están en nuestro poder, o no reclamándolos, si los tienen otros.

En efecto, si se produce el escándalo por flaqueza o por ignorancia ajenas, entonces o hay que abandonarlos del todo, o hay que desvanecer de alguna manera el escándalo, por ejemplo, con alguna explicación.

Pero el escándalo nace a veces de la malicia, como el escándalo de los fariseos. En este caso no se deben abandonar los bienes temporales por consideración hacia quien provoca tales escándalos, ya que esto, por una parte, redundaría en perjuicio del bien común, ofreciendo a los malos ocasión de rapiña; y por otra, causaría perjuicio a los mismos ladrones, que permanecerían en pecado reteniendo lo ajeno.

Por eso dice San Gregorio: A algunos de los que nos quitan lo temporal tan solamente se les debe tolerar, pero hay otros a quienes hay que impedírselo justamente, no por la única preocupación de que no nos roben lo nuestro, sino para que los raptores no se pierdan reteniendo lo ajeno.


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Sobre el tema concreto del fariseísmo, consideremos lo enseñado por el Padre Leonardo Castellani.

El fariseísmo es esencialmente homicida y deicida, es decir, da muerte a un hombre por lo que hay en él de Dios… odio deicida al prójimo; odio a lo santo, a lo virtuoso…

Es el drama de Cristo y de su Iglesia. Si en el curso de los siglos una masa enorme de dolores y de sangre no hubiese sido rendida por otros cristos en la resistencia al fariseo, la Iglesia hoy no subsistiría.

Y al final será peor. En los últimos tiempos el fariseísmo triunfante exigirá para su remedio la conflagración total del universo y el descenso en Persona del Hijo del Hombre, después de haber devorado insaciablemente innúmeras vidas de hombres.


San Pablo, cuando habla del Anticristo, da como señal el sacrilegio religioso; es decir, se apoderará en forma aún más nefanda de la religión para sus fines, como habían hecho los fariseos.

Si creemos a Jesucristo y a San Pablo de que en los últimos tiempos habrá una gran apostasía y que no habrá ya casi fe en la tierra, sólo el fariseísmo es capaz de producir ese fenómeno.

Solo el fariseísmo puede devastar la religión por dentro; sin lo cual ninguna persecución externa le haría mella. Si la Iglesia está pura y limpia, es hermosa y atrae, no repele. Solamente cuando la Iglesia tenga la apariencia de un sepulcro blanqueado, y los que manden en ella tengan la apariencia de víboras, y lo sean, el mundo entero se asqueará de Ella y serán poquísimos los que puedan mantener, no obstante, su fe firme; un puñado heroico de escogidos que, si no se abreviara el tiempo, ni ellos resistirían.


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El engreimiento religioso trajo el mesianismo político. Los fariseos necesitaban ser vengados de sus quemantes humillaciones, de sus derrotas. La religión era humillada en ellos y el Mesías debía vindicar la religión. Y si el Mesías había de ser político, naturalmente había que preparar su venida haciendo política.

Cuando la política entra dentro de la religión, se produce una corrupción extraña. En esas condiciones el poder se vuelve temible, porque puede obligar en conciencia.

La corrupción llega al máximo cuando lo religioso se ha reducido a un instrumento y pretexto de lo político. La crueldad, cuya condición y primer grado es la dureza de corazón, es infalible consecuencia de la soberbia religiosa.

Si un superior premia la virtud y castiga el vicio, es un hombre religioso.
Si no premia nada ni castiga nada, es un nulo.
Si castiga la virtud y premia el vicio, es un fariseo; si persigue la santidad, es un fariseo; si odia la verdad, es un fariseo… Y no tiene remedio…

La levadura de los fariseos consiste en la palabrita que hace levantar toda la masa, pero para volverla agria y venenosa. El fariseo ordinariamente no miente del todo, se contenta con decir media verdad y callar la otra. Esas medias verdades, que son a veces peores que las mentiras, penetran y fermentan la mente colectiva, contaminando imperceptiblemente incluso los ánimos buenos y bienintencionados, que las repiten inocentemente.


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El fariseísmo tiene siete grados:

1°) la religión se vuelve exterior y ostentadora.
2°) la religión se vuelve rutina, oficio y profesión, medio de ganar la vida.
3°) la religión se vuelve negocio, instrumento de ganancia de honores, de poder o de dinero.
4°) la religión se vuelve pasivamente dura, insensible, desencarnada; se vuelve poder o influencia, medio de dominar al prójimo.

Hasta aquí el fariseísmo se ha mostrado corruptor de la fe y de la piedad, convertidas en carrera, artimaña, política, negocio.

Pero la soberbia religiosa va más allá del uso de la religión para instalarse en el mundo y quedarse con los bienes de la tierra.
Es como la esclerotización de lo religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo. Y después una falsificación, hipocresía, dureza hasta la crueldad…

Los otros grados son ya diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio. Entonces, el fariseísmo se muestra claramente como el pecado contra el Espíritu Santo pues lleva a cabo:

5°) aversión a los que son auténticamente religiosos. La religión se vuelve hipocresía: el “santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera.
6°) persecución de los verdaderamente religiosos. El corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.
7°) sacrilegio y homicidio. El falso creyente persigue de muerte a los verdaderos creyentes, con saña ciega, con fanatismo implacable… y no se calma ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz.


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El fariseísmo abarca, pues, desde la simple exterioridad hasta la crueldad, pasando por todos los escalones del fanatismo y de la hipocresía.

La religión suprimiendo la misericordia y la justicia; ¿puede darse algo más monstruoso?

La última corrupción de la Iglesia, es decir, el fariseísmo generalizado y entronizado, traerá consigo lo que San Pablo llama la Gran Apostasía y la Gran Tribulación.

Cuando en la Iglesia ha salido un ramo de fariseísmo, Dios lo ha curado, pero alguien lo ha pagado con su sangre, desde Cristo hasta Juana de Arco, y hasta nuestros días…
Se entabla una lucha trágica entre la moral viva y la moral desecada, entre la mística real y la “mística convertida en política”. Vence la moral viva; pero sucumbe el que la lleva en sí como una vida y una pasión…

En el principio de la Iglesia, el fariseísmo había plagado de tal manera la Sinagoga, que Jesucristo se dio como misión principal de su vida el combatirlo, y fue su víctima.

Al fin de la Iglesia, el fariseísmo se volverá de nuevo tan espeso, que demandará para su remedio la segunda Venida de Cristo…


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El fariseo es esencialmente homicida, aunque tenga las manos enteramente limpias de sangre.
Y éste es el grado supremo del fariseísmo, los sacrificios humanos; no a Dios, que no los quiere, sino a un Diablo disfrazado y llamado con distintas nombres.

“Llegará un tiempo en que os matarán, creyendo hacer servicio a Dios.”

Esta es una de las señales que dio Cristo de la Parusía; y en efecto, eso hizo Caifás exactamente con Él.
Dar muerte a un hombre por religión… Y la religión, dando la muerte a un hombre no por sus vicios sino por sus virtudes, es la señal siniestra.


  1. +++


Señales del fariseísmo, más que claras hoy en día:
- la hipertrofia de la “disciplina”,
- los medios convertidos en fines,
- la tortuosidad y disimulo en el obrar,
- la rigidez implacable,
- el chantaje por medio de las cosas sacras,
- la ignorancia completa de la persona humana,
- la falta de misericordia y de justicia substituidas por “mandatos de hombres” muertos y metálicos.


Como conclusión, las palabras de Jesucristo: Dejadlos; son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.