“Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”Blas Pascal

lunes, 26 de septiembre de 2011

Su Santidad Pio XII y la Familia


LA PRIMERA AUDIENCIA A LOS RECIEN CASADOS
26 de Abril de 1939[1].
                       
1.         Vuestra presencia, amados hijos e hijas, llena de alegría nuestro Corazón; porque si siempre es bello y consolador este acudir de los hijos en derredor del padre, nos es particularmente grato vernos rodeados por estos grupos de recién casados que vienen a hacernos partíci­pes de su gozo y a recibir una palabra de bendición y de aliento.
            Y tenéis ciertamente que animaros, queridos esposos, pensando que el divino Autor del sacramento del matri­monio, Jesucristo Nuestro Señor, lo ha querido enrique­cer con la abundancia de sus celestiales favores. El sacra­mento del matrimonio significa, como vosotros sabéis, la unión mística de Jesucristo con su esposa la Iglesia (en la cual y de la cual deben nacer los hijos adoptivos de Dios, herederos legítimos de las promesas divinas). Y de modo que Jesucristo enriqueció sus bodas místicas con la Iglesia, con las perlas preciosísimas de la gracia divina, se complace en enriquecer el sacramento del matrimonio de dones inefables.
            Éstos son especialmente todas aquellas gracias necesarias y útiles a los esposos para conservar, acrecentar y perfeccionar cada vez más su santo amor recíproco, para observar la debida fidelidad conyugal, para educar sabia­mente, con el ejemplo y con la vigilancia, a sus hijos y para llevar cristianamente las cargas que impone el nuevo estado de vida.
            Todas estas cosas las habéis ya comprendido, medi­tado y gustado vosotros: y si en este momento os las re­cordamos es para participar también Nos en alguna ma­nera de esta hora solemne de vuestra vida y para dar a la santa alegría que os anima una base cada vez mas se­gura y mas sólida.
            Que Dios, que es tan bueno, os conceda no enturbiar jamás la grandeza de vuestros sagrados deberes.
            Que sea prenda de favores divinos la bendición apos­tólica que os impartimos con efusión de corazón y que deseamos os acompañe en los días alegres y tristes de vuestra vida y quede siempre en vosotros como testimonio perenne de nuestra paternal benevolencia.


            [1] DR. = Discorsi e radiomessaggi di Sua Santitá Pio XII. Milano. Società Editrice “Vita e Pensiero”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su tiempo al comentar.Dios lo Bendiga